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27 de marzo de 2013

Pedro.

Nunca se me ha dado bien escribir este tipo de cosas, pero para mi él era, es, y será mucho. Desde finales de 2011 ha sido de las pocas personas que ha sabido hacerme reír de verdad y me ha echo llorar, la mayoría de las veces de felicidad. Nos habíamos distanciado y ya no hablábamos, más que nada, por orgullo. Él era un orgulloso, un creído y un cabezota, pero joder, como le quiero. Y cuánto le echaré de menos. Como desearía que esos ojos verdes volvieran a abrirse y me dijesen "eh, princesa, no llores, que ya estoy aquí", que vuelva a asustarme cuando veíamos los fantasmas, que me diga que me quiere y todas las gilipolleces que hacíamos tiempos atrás.
¿Qué hacemos cuando alguien tan importante se va? No sé, llorar, intentar superarlo, por él, porque no querría vernos llorar y desear volver a la normalidad, pero entonces recordamos que no se puede volver a la normalidad si ya no está, las cosas que antes hacíamos, las canciones que escuchábamos, ¿cómo volver a hacerlo si ya se ha ido?
Dios, hay que sonreír, joder, por él, porque ahora, ahí arriba, él esta mejor que cuando estaba aquí entre nosotros, porque ahora es feliz con su madre, porque ya no sufre.


Siempre estarás con nosotros, idiota, siempre serás mi príncipe. Descansa.

1996-2013. Te quiero.

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